por Politican
Pino González ha explicado en el programa "Primera Clave" de Politican.es , y ante la llegada del ébola a otros lugares, que los análisis de la OMS lo que nos plantean es que el mayor riesgo es de expansión dentro del propio país. Es decir, en la República Democrática del Congo, la epidemia empezó en la provincia de Ituri y se ha ido desplazando a otras provincias cercanas, lo que plantea la OMS, es que pueda pasar al país limítrofe donde el sistema de salud es frágil, como es el caso de Sudán del Sur. De hecho, asegura, allí están formando a profesionales o reforzando todos los medios de seguimiento de alertas epidemiológicas y lo mismo que hacen en otros lugares como Uganda, Ruanda y zonas limítrofes. Pero el riesgo, según la OMS, sería sobre todo en las zonas cercanas a donde se está produciendo realmente la epidemia.
Pino González acumula 24 años de trabajo en el ámbito humanitario, tanto en proyectos de emergencia como de cooperación y desarrollo. Durante este verano ha coordinado los proyectos de respuesta al ébola y al cólera de Médicos del Mundo en la República Democrática del Congo, un contexto especialmente complejo por la combinación de enfermedades, pobreza, desplazamientos y conflicto.
La situación que describe está marcada por la dimensión de las epidemias. En el momento de la entrevista, González señalaba que se habían registrado más de 7.500 casos de ébola y cerca de 3.600 fallecimientos, con una tasa de letalidad próxima al 50%. En el caso del cólera, explicaba que la epidemia lleva varios años activa y que solo en una semana se habían contabilizado más de 600 casos en la provincia de Kivu del Sur.
A este escenario sanitario se suma un contexto de guerra que, según explica, se ha intensificado durante el último año y medio y que ha provocado más de siete millones de personas desplazadas. Para González, combatir las epidemias en estas condiciones supone enfrentarse también a la pobreza, la precariedad y la fragilidad del sistema sanitario.
González se desplaza habitualmente durante unos tres meses al año y continúa después integrada en el grupo técnico de seguimiento, prestando apoyo a los profesionales que permanecen sobre el terreno. Su trabajo durante la emergencia no se centra directamente en atender pacientes de ébola, sino en coordinar los proyectos de respuesta y reforzar la capacidad de los equipos locales.
Su actividad incluye la formación de profesionales, la distribución de materiales de protección y las acciones de educación para la salud. Estas últimas se desarrollan mediante la radio y en espacios donde se concentra la población, como mercados, centros sanitarios y escuelas.
El acceso al agua potable constituye otro de los ejes fundamentales. González subraya la relación existente entre estas enfermedades y las condiciones de higiene, por lo que resulta esencial disponer de agua adecuada tanto para beber como para la higiene personal y la preparación de alimentos.
La estrategia cambia en función de la enfermedad. En el caso del ébola, el trabajo está especialmente orientado a la prevención, mediante formación, materiales, educación sanitaria y mejora del acceso al agua. En el cólera, Médicos del Mundo también participa en la parte asistencial y apoya un centro de tratamiento.
Para González, una de las experiencias más difíciles no es únicamente enfrentarse a una emergencia concreta, sino comprobar que estas situaciones continúan existiendo. “A mí me sigue pareciendo lo más difícil aceptar que esas realidades sigan existiendo hoy en día”, afirma.
La desigualdad aparece así como uno de los grandes elementos de fondo. La entrevistada recuerda la existencia de personas que viven en condiciones muy precarias, niños y niñas con malnutrición y mujeres embarazadas sin acceso a cuidados básicos. Frente a ello, explica que su motivación para desplazarse a estos lugares está relacionada con intentar aportar atención y facilitar el acceso a bienes esenciales.
La respuesta al ébola presenta dificultades específicas. González explica que la cepa responsable de la epidemia a la que hace referencia en la entrevista no contaba todavía con una vacuna ni con un tratamiento específico, aunque recibir tratamiento de soporte lo antes posible incrementaba las posibilidades de supervivencia.
Por ello, la educación sanitaria desempeña un papel determinante. Informar a la población permite reconocer los síntomas y reducir el miedo a acudir a los centros especializados. El tratamiento de soporte contempla aspectos como la rehidratación, el control de la fiebre, los dolores, los vómitos y la diarrea, además de tratamientos frente a posibles coinfecciones.
El miedo es otro obstáculo. Los pacientes pueden tener que permanecer aislados y separados de sus familiares, algo especialmente difícil para personas que ya tienen dificultades para acceder a los servicios sanitarios. “Por supuesto que hay miedo. Lo primero al diagnóstico y lo segundo a tener que estar separado durante X días”, explica González.
La emergencia sanitaria no puede desligarse del conflicto. Desde Médicos del Mundo, González explica que una de las prioridades es facilitar el acceso a la atención sanitaria de las personas desplazadas por la guerra y reforzar los centros que reciben una mayor presión asistencial.
La organización proporciona medicamentos y materiales, apoya a los profesionales sanitarios y desarrolla acciones de formación para mejorar el diagnóstico y el tratamiento. También trabaja con la población para que pueda identificar signos de alarma y conocer medidas básicas relacionadas con la higiene de manos, el uso de letrinas, la vacunación o el seguimiento del embarazo.
La experiencia de la pandemia de COVID-19 ha dejado una mayor sensibilidad ante cualquier amenaza sanitaria internacional. Sin embargo, González destaca que aquella crisis también permitió comprobar el valor de la prevención, el trabajo comunitario y la solidaridad.
En la República Democrática del Congo encuentra también ejemplos de cooperación entre personas de distintas etnias y religiones. “Las diferencias ideológicas o incluso te decía a nivel de etnias o de religiones, pues quedan a un lado cuando hay un objetivo común”, señala en referencia a la lucha contra las enfermedades.
En el proyecto concreto del Congo, González explica que era la única integrante procedente de Canarias, junto a profesionales de Málaga y Madrid y trabajadores de otros países africanos, además de personal congoleño formado y contratado para desarrollar las actividades sobre el terreno.
Su mayor frustración no procede de una experiencia de inseguridad personal, sino de comprobar que los recursos disponibles no siempre permiten llegar a todas las personas que necesitan ayuda. “Quizá lo más frustrante es que si tuviéramos más medios podríamos llegar a más personas”, afirma.
Entrevista completa: