por Politican
Juan Pablo González, director gerente de Ashotel, analiza en el programa "A Buenas Horas con José Lius Martín" la gestión de las infraestructuras, la saturación de los espacios naturales y los cambios legislativos que están transformando el panorama del alojamiento en las islas.
Uno de los puntos más críticos y recurrentes en las quejas de Ashotel es el embudo humano que se forma en el aeropuerto de Tenerife Sur. Desde que el Brexit se hizo efectivo, el mercado británico —el principal emisor para las islas— ha pasado a ser considerado un "tercer país", lo que obliga a sus nacionales a pasar por un control de pasaportes físico. La advertencia de Ashotel no es nueva; Juan Pablo González recuerda que llevan "desde el año 2021 anunciando y avisando de que la salida del Reino Unido de la Unión Europea iba a tener unas consecuencias".
La realidad que describe el director gerente es desoladora para un destino que vive del servicio al cliente. González denuncia que, a pesar del incremento constante de turistas, el número de efectivos policiales no ha crecido en la misma proporción. "He visto esas colas, no me las han contado, las he vivido con mis propios ojos", afirma con rotundidad, detallando esperas de entre 45 y 50 minutos para superar un trámite que debería ser ágil.
El problema técnico es, si cabe, más frustrante. Aunque se instalaron 35 máquinas de lectura de pasaportes, la realidad es que apenas cinco están operativas. La explicación oficial —la falta de un cable de fibra óptica— algo que resulta inasumible. Juan Pablo González es claro al respecto: "Cuando falta algo para dar servicio a los clientes, se pone y punto. No se discute". Para el gerente de Ashotel, esta inacción administrativa es una falta de respeto al visitante y a la propia isla: "Esta isla no se merece ese maltrato. Es la primera puerta de entrada y la última de salida de un turista".
El impacto de esta mala gestión aeroportuaria va más allá de una simple espera. González desglosa el calvario de un turista que llega a Tenerife: cinco horas de vuelo, dos horas previas en el aeropuerto de origen, una hora de cola en el control de pasaportes y, para rematar, otra hora de espera para conseguir un taxi. "Es que tendríamos que pagarle nosotros a ellos, en lugar de ellos a nosotros para que vinieran", ironiza con amargura.
Esta situación no solo genera malas reseñas, sino que altera la logística de las vacaciones. Muchos turistas se ven obligados a abandonar sus hoteles con tres horas de antelación para recorrer apenas 15 o 20 kilómetros, ante el temor de perder su vuelo por el colapso del aeropuerto o los problemas de movilidad de la isla. "Alguien está poniendo palitos en las ruedas para que ese éxito sea menor", advierte González, recordando que Tenerife no es el único destino turístico del mundo y que la paciencia del viajero tiene un límite.
Canarias se enfrenta al fenómeno de la saturación, un concepto que González define con una frase lapidaria: "Podemos morir de éxito". El volumen de vehículos en las carreteras y la afluencia masiva a puntos emblemáticos como el Barranco de Masca o el Teide están empezando a pasar factura en las encuestas de satisfacción. El director de Ashotel defiende que, en espacios naturales protegidos, la restricción del uso es inevitable porque "el ser humano es así; si hay 12 horas al día para visitarlo, todo el mundo querrá ir en las horas punta".
González aboga por un cambio de paradigma en la medición del éxito turístico. Ya no se trata de contar cabezas, sino de medir el impacto económico y la sostenibilidad. "Hay que buscar más turismo con menos turistas", afirma, citando a un colaborador. Esto implica cualificar la oferta para atraer a visitantes con mayor capacidad de gasto, ya que, al ser un espacio finito, Canarias no puede crecer indefinidamente en número de personas.
Respecto a las nuevas tasas impuestas en lugares como Masca, el directivo se muestra cauteloso pero exigente. Reconoce que el sector público tiene "la sartén por el mango" al establecer tributos, pero insiste en que ese dinero debe ser finalista. "No se trata solo de recaudar, porque recaudar es muy sencillo. Lo que se trata es qué se va a hacer con ese dinero", señala. Para Ashotel, cualquier tasa debe ir destinada exclusivamente a la protección, seguridad y mejora de los servicios, evitando que se convierta en un simple mecanismo impositivo sin beneficios tangibles para el entorno o el visitante.
Un dato reciente ha sacudido el sector: la caída de 20.000 plazas de alquiler vacacional en Canarias por primera vez en cinco años. Aunque muchos podrían atribuirlo a la nueva Ley 6/2025, Juan Pablo González sostiene que los efectos de las leyes no son inmediatos: "Magia existe, pero solo en Harry Potter". Para él, la explicación es más técnica y burocrática.
La implementación del NRUA (Número de Registro Único de Arrendamientos) a nivel estatal ha sido el verdadero filtro. Muchos propietarios de lo que González denomina "pseudoviviendas" no han podido obtener este número por no cumplir con requisitos mínimos de habitabilidad o certificados de primera ocupación. Sin este registro, las plataformas digitales no permiten el anuncio de la propiedad, forzando su salida del mercado. Además, el "efecto llamada" de la nueva ley hizo que muchos presentaran declaraciones responsables de forma "un poco irresponsable" y ahora, al enfrentarse a la realidad normativa, han decidido retirarse.
González también analiza por qué estas viviendas que salen del mercado vacacional no pasan automáticamente al alquiler residencial. La razón, según su criterio, es el desequilibrio de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). "La reforma de la LAU dejó al propietario muy desprotegido frente al inquilino", explica. Ante el miedo al impago o a la indefensión jurídica, muchos prefieren mantener la vivienda cerrada. Como solución, propone recuperar herramientas que funcionaron en el pasado, como la "bolsa de vivienda joven y vacía", que ofrecía avales de cobro y defensa jurídica a los propietarios.
El auge del turismo de autocaravana también ha generado tensiones, pero González destaca el talante de las asociaciones locales como ACAT, a quienes define como gente muy preparada y consciente de sus limitaciones. El problema, una vez más, no reside en los residentes, sino en el volumen masivo de visitantes externos: de los 15.000 usuarios de caravanas en las islas, solo 5.000 son locales.
Ashotel ha solicitado a la FECAM (Federación Canaria de Municipios) una ordenanza común para evitar que el problema se traslade de un municipio a otro según la permisividad de cada ayuntamiento. La patronal no busca prohibir, sino regular y buscar sinergias. De hecho, menciona experiencias de "win-win" donde usuarios de caravanas utilizan las instalaciones de los hoteles mediante pases de día. Sin embargo, es firme con el uso incívico del espacio público: "Lo que no puede ser es que ocupen las primeras líneas de todas las avenidas marítimas... o que hagan una acampada en la vía pública, que eso está terminantemente prohibido".
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