por Politican
Ante el incremento de las Infecciones de Transmisión Sexual en el archipiélago, la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Canarias no se ha quedado de brazos cruzados. Se ha puesto en marcha una estrategia multifacética diseñada para atajar el problema desde todos los ángulos posibles. Según explicó en el programa "A Buenas Horas con José Luis Martín", Guillermo Pérez, técnico del Servicio de Epidemiología y Prevención, el enfoque es claro: “Estamos intentando tocar distintas líneas de trabajo” para revertir una tendencia que sitúa a las islas, junto a otras comunidades, a la cabeza del repunte nacional de casos de clamidia y sífilis.
El primer pilar de la estrategia es evitar que se produzcan nuevas infecciones. Para ello, se trabaja en estrecha colaboración con entidades del tercer sector y ONGs para amplificar el mensaje y llegar a toda la población. Las acciones concretas incluyen:
- Formación y concienciación: Se busca mejorar el conocimiento general sobre las estrategias de prevención, fomentando el uso del preservativo y ayudando a la población a ser consciente de si sus prácticas sexuales son de riesgo.
- Promoción del cribado: Se está logrando que cada vez más personas entiendan que “hay que hacerse pruebas” con cierta frecuencia. Este aumento en los cribados es vital para la detección temprana.
- Distribución de material preventivo: En momentos de alta interacción social, la prevención se vuelve tangible. Se realizan repartos masivos de preservativos y lubricantes en eventos multitudinarios como los Carnavales, las fiestas de verano o el Pride.
- Garantizar el ciclo completo: La detección no es el final del camino. Pérez subraya que “de nada sirve diagnosticar si después no tenemos un tratamiento y un seguimiento adecuado”, por lo que se trabaja para facilitar el acceso a un tratamiento eficaz.
La inmunización es otra de las herramientas más potentes en esta lucha. Salud Pública está fomentando activamente la vacunación contra aquellas ITS que pueden prevenirse por esta vía. Las vacunas clave en esta estrategia son:
- Virus del Papiloma Humano (VPH): Ya consolidada en el calendario vacunal para adolescentes, con la importante novedad de que ahora “están incluidos los niños en la vacunación”, además de las niñas.
- Hepatitis A y Hepatitis B: Se recomiendan de forma específica para determinados grupos poblacionales con mayor riesgo.
- Mpox: También se dirige a grupos concretos que pueden tener una mayor probabilidad de contraer la infección.
A pesar de esta contundente respuesta institucional, las cifras siguen siendo motivo de preocupación. El aumento de ITS en Canarias no es un espejismo estadístico, sino una realidad palpable. Guillermo Pérez aclara que no se trata de un fenómeno exclusivo del archipiélago, sino de “un problema de salud pública global”. La tendencia al alza es común en otras comunidades autónomas y a nivel europeo.
No obstante, Canarias destaca negativamente en este mapa. “Seríamos como un poco los líderes en ese alza”, admite Pérez, situando a la comunidad junto a Madrid, Cataluña o Andalucía en la vanguardia de este incremento. El análisis demográfico revela patrones específicos, aunque el experto insiste en que el problema es transversal.
Si bien el repunte “se observa en todos los rangos de edad”, hay grupos donde la incidencia es más llamativa:
- Hombres (25-34 años): Esta franja de edad concentra el pico de casos de sífilis, infección gonocócica e infección por clamidia.
- Mujeres (15-24 años): En la población femenina, el pico de diagnósticos se produce en una edad significativamente más joven.
Esta segmentación demuestra que las estrategias de prevención deben ser adaptadas, pero sin olvidar que “no hay ningún rango de edad donde se mantenga ni siquiera estable”, lo que evidencia la profundidad de los cambios sociales subyacentes.
Para comprender por qué las ITS están en auge en una sociedad teóricamente informada, es necesario analizar una dualidad de factores. Por un lado, una mejora en la capacidad del sistema sanitario y, por otro, una peligrosa relajación en las conductas individuales y colectivas.
Una parte del aumento de las cifras se debe, irónicamente, a una buena noticia: la mejora en la capacidad diagnóstica y de vigilancia. La tecnología PCR, popularizada durante la pandemia, ha revolucionado la detección de ITS. “A todos nos suena la famosa palabra PCR”, comenta Pérez, explicando que su uso ha facilitado la realización de pruebas menos invasivas y más accesibles.
Este avance tecnológico permite detectar muchas más infecciones, sobre todo en fases tempranas. “Ahora hay personas que se criban sin tener síntomas y ya se diagnostica en fase presintomática, lo que también es una ventaja”, señala el experto.
Aquí reside el núcleo del problema. El principal factor detrás del aumento real de contagios es el abandono progresivo del uso del preservativo. Este cambio de comportamiento se alimenta de varias fuentes:
Las campañas de los 80 y 90, como la mítica “Póntelo, Pónselo”, infundieron un profundo respeto al VIH. Hoy, la cronificación de la enfermedad gracias a los avances médicos ha provocado una pérdida del miedo. “La esperanza de vida y la capacidad de supervivencia de las personas con VIH prácticamente es igual al del resto de la población”, explica Pérez.
Esta percepción, sumada a la idea de que el resto de las ITS “tienen su tratamiento”, ha llevado a una banalización del riesgo. En esta nueva mentalidad, “se prioriza el placer” y el preservativo es visto como “un estorbo en la práctica sexual”.
Los cambios socioculturales son el otro gran motor del repunte. Las prácticas sexuales comienzan a edades más tempranas y se tiene un mayor número de parejas sexuales a lo largo de la vida, un fenómeno impulsado por las aplicaciones de citas.
Además, el consumo masivo de pornografía, donde no se utiliza protección, normaliza conductas de riesgo entre los más jóvenes. Este contenido “desvirtúa mucho el objetivo, que es tener una salud afectivosexual segura, respetuosa y libre”, advierte Pérez. Todo ello crea una “falsa percepción de invulnerabilidad” en muchos individuos, que se consideran ajenos al problema.
Banalizar una ITS es un error con consecuencias potencialmente devastadoras. Guillermo Pérez recuerda que, aunque menos frecuentes, las complicaciones graves existen y pueden afectar a la salud de por vida. Entre los riesgos más serios se encuentran los problemas de fertilidad, tanto en hombres como en mujeres, y daños a largo plazo en articulaciones, el sistema cardiovascular o el sistema neurológico si no se recibe un tratamiento adecuado.
En definitiva, la lucha contra las ITS en Canarias es una carrera de fondo que combina la acción institucional con la necesaria responsabilidad individual. La mejor herramienta sigue siendo la información, pero, como concluye el experto, es vital “recurrir a las fuentes más fiables”, como las que proceden del entorno sanitario y oficial, para no caer en la desinformación que alimenta el riesgo.
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